miércoles, 22 de abril de 2015

Qué hacer cuando no se puede hacer nada.

La frustración es ese horrible sentimiento que nos invade cuando algo que deseamos o necesitamos, se convierte en un imposible, esos pensamientos negativos que nos atormentan. Nos parece que vamos a morir, que el mundo se acaba, que todo nuestro esfuerzo no mereció la pena. A veces un solo comentario, o nuestra inseguridad nos hace sentirnos frustrados, y reconozco que es algo por lo que todos pasamos a diario, y que cada uno lleva como buenamente puede, pero a veces nuestra frustración daña a otras personas, porque nuestro dolor no nos permite ser justos ni honestos, y podemos llegar a desquitarnos consciente o inconscientemente con esas otras personas, aunque no tengan nada que ver con el motivo de nuestro malestar.

Cuando deseamos algo, viene dado por una mayor o menor necesidad, pero es algo necesario al fin y al cabo para nosotros, y desgraciadamente son muchas las ocasiones en las que nuestros deseos, se quedan solo en eso, deseos de...que nos traten mejor, encontrar un trabajo, un familiar que está enfermo, tener más tiempo, etc... todos son deseos necesarios, pero os aseguro que a la hora de hacernos sentir frustrados todos tienen la misma importancia..., la que tú quieras darle. Para soportar los malos palos de la vida hay que tener dos virtudes: 

1.Saber aguantarse. Cuando algo no puede ser posible, aferrarse a esa idea es inútil, y nos bloquea para poder encontrar una postura más sana ante el problema sin solución, porque resolverlo no podemos resolverlo, pero nuestra postura ante tal problema será de suma importancia para el bienestar general de las personas con las que te relacionas y sobre todo para ti.

2.Perdonar a la vida por prohibirnos esa necesidad. A veces nos enfadamos, no entendemos que no es algo personal, esa sensación de que nuestra vida es más dura que la de los demás. La auto compasión y el rencor hacia lo inevitable, nos vuelven agrios y estropean como el moho, todo lo que tocan.

Y dentro de que todos nos sentimos a diario frustrados, y que sabido es que las frustraciones van siempre a parar a personas ajenas, porque no intentamos resolver como tomarnos la situación cuando algo no tiene arreglo, saber lo que hacer cuando no se puede hacer nada.

Como ya he dicho aguantarse y perdonar es básico, pero quizás la idea más alentadora es, concienciarnos de que a pesar de ese asunto sin resolver, tenemos que seguir vivos, y tenemos que ser felices, porque nuestra tristeza solo hará que nos aferremos más al problema, y en muchas ocasiones, al relajarnos, al obviar la situación, o simplemente ignorar nuestra frustración, resulta que como si fuera un milagro, aquello que creíamos imposible, se realiza ante nuestros ojos, sin que entendamos de donde ha procedido el regalo.
Pero es que a veces nuestra actitud atrae o aleja las circunstancias, sin que podamos darnos la menor cuenta, por ejemplo, yo me sentía muy frustrada por no encontrar un trabajo mejor, y eso me impedía buscar trabajo, me sentía mal, no tenía fuerza de voluntad porque con mi historia laboral y la crisis económica, parece ser imposible que yo prospere laboralmente. No he dejado en ningún momento de echar curriculums, y de decirle a todos mis contactos que busco trabajo, para que puedan ayudarme ante cualquier oferta que oigan, pero un día decidí dejar de sentirme angustiada por no conseguir ni una sola entrevista, aunque atienda todos los días unas seis ofertas laborales, y siga buscándolo con la misma energía. Por supuesto sigo sin encontrar trabajo, pero tengo muy claro que no me voy a sentir más una inútil porque el protocolo de recursos humanos de las empresas actuales, no consideren mi perfil suficientemente perfecto, para atender diez horas al día un teléfono. No puedo permitir que una circunstancia que se escapa a mi control me afecte a nivel emocional, porque entonces mi centro de atención será eso, y solo pensaré en el trabajo que no consigo, y solo hablaré del trabajo que no consigo, y la gente terminará por alejarse de mi, me sentiré cada vez peor y terminaré por abandonar la idea de encontrar un trabajo mejor.
 Podemos poner como ejemplo un trabajo, o una enfermedad, olvida y perdona, y sigue adelante, aunque sea lo más irremediablemente doloroso en la vida, la falta de un ser querido, en cuyo caso la resignación se convierte en nuestra almohada cada noche y el dolor es tan fuerte que ni siquiera deseamos tener deseos...pero curiosamente en esos casos sabemos todos perfectamente lo que hacer, porque  a veces en la vida, lo mejor que puede hacerse, cuando no se puede hacer nada, es eso...no hacer nada...

Suerte y adelante, de todo se sale.