lunes, 6 de abril de 2015

Cuando todo pierde sentido.

A diario todos nos encontramos con gran cantidad de problemas que tenemos que solucionar, y con más o menos esfuerzo, obtenemos unos resultados y un desgaste emocional que nos hace pensar y sentirlos como problemas, así los llamamos, incluso podemos sentirnos muy mal, y muchas personas pueden caer incluso en depresión por una serie de circunstancias desafortunadas que viven a diario con nosotros y que no somos capaces de soportar. Pero un día pasa que aparece un problema de verdad, una desgracia que según cae sobre nosotros, convierte todo lo que antes nos importaba en estupideces que no merecen ni la mínima atención. 
Cuando un suceso verdaderamente terrible entra en un hogar, todo pierde sentido. La risa y el llanto se quedan sin razón de ser, y en todas las ocasiones, cuanto menos nos hace detener la prisa por vivir un tiempo, y pensamos, crecemos, y solemos superarlo pasando por un cansado camino de dolor y anhelo. 
No quiero ahondar en los muchos horribles sucesos que pueden acontecernos y que nos dejan sin fuerzas, pero sí quedarme con la idea esencial de lo que de verdad importa en la vida, tener un familiar enfermo en casa durante años y ver como se apaga lentamente, o perderlo todo y tener que vivir de la caridad, niños viendo a sus padres pelear violentamente a diario, cuantas cosas pueden aparecer en nuestra historia, en definitiva perder algunos de los pilares principales de nuestra vida, nuestra familia, nuestros seres más queridos, eso nos debe callar la boca, y hacernos recapacitar sobre: nuestros malos modos al volante, o el mal humor en el trabajo, o la preocupación de que amigo me ha hecho qué, y mi vida tiene que estar perfecta.
 A veces parecen bofetadas de la vida, llamadas de atención, para que cambiemos nuestra actitud, para que nuestra lista de preocupaciones del uno al diez, tome unos nuevos valores. Quizás ésto no parezca tener muchos beneficios, pero en verdad, es la base de nuestra actitud ante la vida. 
A veces paso al lado de una persona que está en la calle, y me pregunto que horrible vida le habrá llevado a terminar allí, y sin embargo suelen estar contentos, los inmigrantes que pasan horas al sol y al agua, que  probablemente no sepa lo que es un baño de burbujas en un buen hotel, y sin embargo pareciera que son las personas más felices del mundo, siempre sonríen, siempre educados, y me pregunto cómo se comportaría cualquiera de esos trabajadores de 8 a 3, que ponen sellos con aire acondicionado, si tuviera que hacer una sola semana lo que hacen ellos, aunque le pagaran lo mismo, seguramente se haría huelga general.

Aun así hay personas que pasan por desgracias y no consiguen aprender, no les hace recapacitar, y siguen comportándose como si su vida fuera más importante que la de los demás, como si tuviera más derecho a ser feliz que los demás, de esas personas, sinceramente siento lástima, porque si algo nos da la vida con estos horribles palos, es la oportunidad de disfrutar de los buenos momentos mucho más y no llorar por cosas que no tienen ninguna importancia, aprendamos de una vez a llorar con motivo, porque llorar la tristeza es humano, pero exigir violentamente la felicidad y la perfección, con nuestra actitud enfadada por cualquier cosa a diario, es de tontos, y yo he sido tonta toda mi vida, y como muchas personas, tuve mi llamada de atención, por lo que hoy el solo hecho de que las personas que me quieren me lean lealmente, es suficiente motivo para dar las gracias por vivir, ojalá todos pudiéramos ser felices solo por el hecho de no tener un problema de verdad,...de esos que le quitan y le dan un nuevo sentido a las cosas.