sábado, 18 de abril de 2015

La cenicienta.

La Cenicienta es un cuento de hadas folclórico con con varias versiones, orales y escritas, antiguas y modernas, procedentes de varios lugares del mundo, especialmente del continente eurosiático, donde se narra la vida de una humilde muchacha que con tan solo un zapato y algo de magia consigue convertirse en princesa. 

Yo no sabía exactamente la procedencia de uno de los cuentos más importantes en la cultura actual para cualquier mujer del mundo. Una historia que nos ha hecho soñar de niñas, e incluso basar nuestros principios femeninos de forma genérica en una serie de ideologías sobre la forma de encontrar a nuestra pareja, y la forma de aceptar a nuestra pareja. 
En mis recuerdos más tiernos aparece la idea inequívoca de que el amor de mi vida, llegaría a mí de esa manera exactamente, la Cenicienta no se conforma con un guardabosques que le canta, o con un soldado que la mira, esta muchacha sin aparente carácter solo acepta el amor de un hombre que la busca entre miles, que rehúsa de su posición social por ella, y que trae la pieza que encaja perfectamente en su pequeño pie. Y si este antiquísimo cuento dice que ha de ser así,  ¿porqué iba yo a dudarlo?,  pero resulta que una empieza a vivir,  y no aparece ningún enviado de la casa real a tu casa, ni aparece un hada madrina para darle a los que te machacan lo que se merecen, y con tristeza nos hacemos duras y desechamos cualquier idea de que exista ese príncipe azul para nosotras, y ciertamente puede que no exista, aunque desearía que sean muchas las cenicientas que lo hayan encontrado al fin, pero no es algo que venga de garantía en la vida y al fin nos perdemos en la aceptación de lo que nuestro propio cuento sin "final feliz" nos va narrando.

Sin embargo, a pesar de haberme repetido yo misma que no existe ningún  príncipe azul, me parece especialmente  revelador  el mensaje que nos deja este cuento, y que  camuflado en una historia fantástica, se convierte como una enseñanza de los tiempos en que los cuentos eran la forma de enseñar un comportamiento, y  educar el futuro bienestar de cada niña que lo haya soñado alguna vez. 

Por un lado la idea de que puedes por circunstancias de la vida llegar a la supeditación más humillante, y desde esa miseria conseguir convertirse en algo mucho mejor, es una idea bastante positiva, que ayuda a la formación de la esperanza y el deseo de prosperidad, que es algo de lo que hoy día carecemos, y aprendemos a conformarnos con lo poquito que nos alcanza la mano.
Por otra parte, algo que a mí siempre me costó mucho trabajo entender, la actitud que nos muestran en esta dulce muchacha, de  aceptar de buen grado la tremenda situación de acoso y vejaciones, a la par que la perdida de un ser querido; es decir, yo siempre me preguntaba porqué no se escapaba, o porqué no se negaba en rotundo a hacer las tareas más horribles,  pero aunque tarde, ahora entiendo que es la forma de sembrar en nosotras la tolerancia ante la vida que por el echo de ser mujer  tenemos  ya orgullosamente sentenciada.
Pero lo que más me ha gustado, es como nos susurra un secreto que con el tiempo llegamos a descubrir nosotras solitas, y que es:  El amor de nuestra vida tiene que ser ese príncipe azul, y si nos conformamos con menos es porque no nos lo merecemos, señoras. 
Puede que haya una persona que encaje conmigo, y puede que aparezca en mi vida, pero ¿cómo sabré que es el hombre adecuado?, pues tal y como cuenta el cuento, en algún momento  me mirará como si entrara en su salón de baile(admiración), y yo fuera lo más hermoso que ha visto en su vida. Lo sabré también porque me buscará de forma incansable(demostración de afecto), y traerá consigo un recuerdo compartido que encajará en mi alma como si fuera mi propio zapato(ha de ser compatible emocionalmente conmigo), pero aclaro que incluso teniendo esta enriquecedora experiencia, nada asegura que ese "amor verdadero" dure para siempre, pero evitará que vayamos dando bandazos de relación en relación sin encontrar ni estabilidad, ni felicidad.
Y al leer este cuento, me doy cuenta de que lo que nos enseña es que por ello tenemos que reconocer a nuestro amor verdadero,  tenemos que esperarlo, que mejor conformarnos con nada que con menos, y que los sueños a veces ocurren, y a veces también nuestro mundo de fantasía imposible se convierte en realidad,  pero hemos de dejar la desidia de tener paciencia, de reservar nuestra integridad para nosotras mismas, y no cambiarla por un rato de compañía. Entragarnos al primer hombre que se interesa por nosotras es ponernos muy barato el caché, ya por ser mujer merecemos un respeto, cuanto más por lo que podemos valer como personas, y no todos los hombres tendrán la suerte de que le demos nuestra confianza.
Por ello creo que sería bonito, que cuando contemos La Cenicienta a nuestras hijas, nietas, a cualquier chiquilla con su mundo de hadas intacto, sepamos que esa niña preciosa se merece su príncipe azul y en nuestras palabras está el ayudar a que lo consiga, y sea una mujer que sabe lo que merece, aunque las perdices y la felicidad duren lo que tarda en empezar otro cuento...pero ese es otro secreto que ella solita algún día descubrirá.