jueves, 23 de abril de 2015

Vámonos para la Feria, cariño mio.

Sevilla, Abril, la ciudad se transforma como un rompecabezas, y todo el mundo se vuelve loco. Anoche, en la puerta del metro parece que hubiera entrado en el túnel de una dimensión contigua...entraba y salía una muchedumbre de artistas, cantantes, bailaoras, modelos, guitarristas y farándula en general. Pareciera que un mundo de seres mágicos estuviera atravesando el nuestro.
Después de entrar en un tumulto de gente perfumada y alegre, me encontré llevada por una marea que desembocaba en el Real de la Feria.
El sitio es precioso, las luces y el colorido son aprendidos de años y años bailando en su albero, en sus profundidades se esconden las historias más maravillosas que puedan contarse, cantes,  risa y  llanto, vino y amores, bailes de madrugada, familia, amigos, reencuentros, y vida...mucha vida,  y entonces recuerdo porque estoy allí, porque es parte de mi vida, porque yo jugué con los farolillos de niña, y lo que se vive en "Feria" se queda en un rinconcito de nuestro corazón para siempre, junto con una flor y una guita de manzanilla.
Pero después de llevar un rato disfrutando del evento más importante de mi ciudad, me di cuenta de que esa Feria de mi recuerdo no se parecía en nada a lo que estaban viendo mis ojos. Ya no se puede ver a la gente pasear, porque la condensación de público es tal, que se hace imposible el solo hecho de caminar de un sitio a otro, las calles están cubiertas de bolsas y botellas, pareciera que ha habido un holocausto y la ciudad hubiera quedado en ruinas. La mayoría de los visitantes hacen y se comportan de forma demasiado "valiente", porque se exceden con el alcohol, y surgen peleas, accidentes, se atreven a tener una actitud que si bien en la mayoría de los casos da lugar a un momento de fiesta y risa, porque nos sentimos bien y desinhibidos, en otras ocasiones puede causar problemas a los demás.

He visto a  la gente  perder demasiado el control. La Feria no es como una discoteca a las cinco de la mañana pero con sevillanas y traje de flamenca. La Feria tiene una tradición, que es lo que se supone que tenemos que cuidar. Los orígenes y la historia de nuestra Feria de Sevilla, son como la feria de cualquier pueblo, una reunión de vecinos que celebran la cosecha y lucen su ganado, pasando por una fiesta en la que se disfrutaba de todo en su justa medida, un sitio donde la gente podía llevar comida de sus casas sin tener que dejarse el sueldo en una invitación, donde el suelo solo lo ensuciaban los palillos de los algodones de azúcar y los farolillos rotos. Donde desde la puerta de mi caseta podía pasarme las horas viendo pasear a las flamencas y a los caballos. en fin...decididamente el sitio que guardo en mi corazón no es donde estuve anoche. Y el caso es que me parece que soy la única que piensa así porque los millones de personas que visitan durante estos días el Real, yo creo que están muy satisfechas con los resultados de la gestión del Concejal de Festejos de nuestra ciudad, a quien además tengo que agradecer el destrozo que ha hecho con las entradas principales a la ciudad desde los alrededores, cortando vías y haciendo el transito por la ciudad imposible con atascos y horas dando vueltas para encontrar un itinerario alternativo de acceso a la ciudad, no a la feria, si no a casa de mis padres. Aunque no me importa, yo también me siento mejor sabiendo que aunque yo queme mi coche en un atasco, todos aquellos enchufados que tienen pase, pueden entrar tranquilamente hasta casi la portada, dejar su coche e irse dando un paseíto hasta su caseta de trescientos metros a comer las mejores gambas de Huelva, aunque eso es una de las pocas cosas que no ha cambiado en  la Feria. La vida social es lo más importante,  los conocidos se ponen en un escaparate, donde hay que lucir el mejor traje y la mejor sonrisa, es el facebook de la sociedad sevillana, en la Feria pasan cosas, y como en un mundo mágico hay que saber las normas.
Como el hecho de invitar a alguien a tu caseta, todos tenemos problemas de dinero, pero si no tienes, no invites, y si invitas, aunque no tengas mucho, un baso de plástico con un poco de "rebujito" o un refresco se ofrece, como bienvenida, como recibimiento, y luego que pida cada uno lo que quiera, pero tu caseta, es como tu casa, y hay que atender a las visitas, y ésto es algo que saben mis padres y mis abuelos, pero que hoy tampoco se conserva, con la crisis parece que nos hemos vuelto huraños y he podido vivir en mis carnes que tras invitarme a una caseta, la anfitriona comiera y bebiera de lo lindo, mientras a mi no era capaz de preguntarse siquiera si quería un poco de agua.

Así que después de un día de Feria perfecto, decidí irme a casa, pensando en que aunque lo había pasado bien, por más que quisiera la Feria a la que a mi me gustaría ir, hace mucho que no la montan, y que o empezamos a darnos cuenta de que las tradiciones en esta sociedad cosmopolita y masificada tienen los días contados como no las cuidemos de verdad, o se terminarán por convertir en algo que solo llevará el mismo nombre, Feria de Abril de Sevilla. Por cierto buena Feria a Todos.