lunes, 17 de agosto de 2015

LA TEORÍA DEL TODO.

Desde mi mayor admiración y respeto a Sir Stephen Hopkins.

Es más fácil admirar las estrellas que mirar la cotidianidad de nuestro día a día . Ante la  gran magnitud del universo y las leyes de la existencia, solo podemos mirar como niños e imaginar vagamente lo que ocurre más allá de lo que jamás podremos imaginar, es más fácil y más bonito que mirar justo delante de nuestros pies. La lejanía curiosamente nos crea una necesidad de respuestas imposibles, mientras que lo que podemos tocar a nuestro alrededor pasa con tanta normalidad que lo obviamos.

Por ello las grandes mentes de la historia humana han mirado siempre lejos, más allá de lo que somos capaces de comprender, mucho más de lo que podemos tocar con nuestros dedos, y hemos ido creciendo, avanzando, resolviendo preguntas cada vez más complicadas, que nuestro diminuto y torpe cerebro ha forjado en su lógica cognitiva y fabricada con un ADN de serie. Con esfuerzo hemos conseguido tener : Una formula muy contrastada para explicar como se rige todo el universo, las leyes que rigen la vida en la tierra, el movimiento, la relatividad. La atracción de los cuerpos, la transformación de la energía e incluso la certeza de que el universo no tiene fin.

Sabemos tantas cosas que me es raro comprender que nuestro mundo esté tan estropeado, somos como unos cotillas que tienen su propia casa embarbascada, con tantas cosas que hemos averiguado preguntándonos sobre el porqué estamos aquí, y de donde venimos, se nos ha olvidado que en verdad estamos aquí y lo peor; que tendremos que irnos.

Así que mientras miramos al cielo buscando motivos,  lo que hay aquí, más acá de lo que no podemos tocar se está muriendo. Nuestro mundo está agonizando, bueno más bien el mundo de los humanos, porque confío en que a la tierra le queda todavía tiempo de criar tres o cuatro especies más de bichejos en sus fértiles entrañas, es la madre que siempre sobrevive a sus hijos, es un planeta maravilloso donde ha surgido el milagro de la vida. Yo confío en las ciencias y pienso que puede haber vida en otros mundos, pero como a estas alturas aún no se ha descubierto, yo voto por pensar que la tierra es única, es una mágica combinación del caos donde se han creado las energías más maravillosas de todo el universo.

Cada criatura que ha poblado la tierra es fascinante, es la exquisitez de toda la ciencia, quizás la importancia básica de nuestra existencia se esconda en las radiaciones Hopkins, pero tan cierto e importante es lo que sucede al otro lado del universo como cuando una nueva vida se crea aquí en nuestra querida tierra, un mundo muere y sobre sus cenizas nace otro.Puede que exista una "Teoría del Todo", pero no creo que aun seamos capaces de descifrarla en una sola fórmula, quizás no sea solo una, quizás cada una de los eslabones que unen la realidad de la existencia en el espacio tiempo, tenga una formula distinta y única, irrepetible, y por ahora irreconocible.

Es precioso pensar que todo tiene una explicación, e incluso poder explicarla con unos símbolos en un papel para poder darle un sentido en nuestra mente, pero si llegáramos a encontrar la explicación ¿que pasaría?, ¿y si la explicación es tan simple que nos avergüenza?, ¿y si la explicación nos hace darnos cuenta de que hemos perdido nuestro tiempo?, ¡con lo que nos gusta sentir que estamos aquí para algo!. Podríamos ser perfectamente el único error del universo, y la verdad por mucho que hallamos avanzado en nuestros conocimientos, cuando tengo la oportunidad de poder admirar las estrellas, no veo mucha diferencia entre aquellos primeros pobladores que pensaban que el sol era un Dios, y mis ojos que no aciertan a comprender lo que estoy viendo.

A mi entender por muchas respuestas que podamos responder, sólo el mirar el universo y  las estrellas nos da la verdadera, y no en un complicado jeroglífico, si no en un sentimiento que aparece en nuestro corazón ante aquello que no podemos tocar, la certeza de nuestra pequeñez e insignificancia, de nuestra debilidad, una emoción que nos aclara, que no somos el fin, sino uno más de los misterios que siguen ahí fuera, donde siempre hemos mirado, donde nos damos cuenta la banal y caótica que es ésa única constancia real a lo que solemos llamar vida...