miércoles, 12 de agosto de 2015

LAS NORMAS DE LA CASA.

La vida tiene unas normas, pero la sociedad tiene muchas más, una cosa es la vida y otra lo que el mundo en que vivimos espera de nosotros.

Nacemos y lo primero que hacen es ponernos horarios y metas, tenemos que comer, dormir, crecer, madurar pero todo eso a la velocidad estipulada como normal, pobre del que aprenda a andar o a hablar más despacio, o el que no consiga acostumbrarse a que solo tiene una hora para jugar, seguramente irá tarde toda su vida. Se van complicando las condiciones de uso de esta vida cada vez más absurda.

Vamos creciendo y si hemos conseguido superar una infancia a contrarreloj y competitiva, tenemos que coger fuerzas porque vienen curvas, ahora nos queda convertirnos en personas perfectas, aunque nuestros padres sean feos, torpes, histéricos y fracasados, nosotros tenemos que ser guapos, sanos, educados, inteligentes, trabajadores, maduros, etc... pero en esta época de nuestras vidas suele ocurrir algo que se llama adolescencia o paso a la edad adulta, y nuestro organismo responde a toda esa cantidad de normas estúpidas con un corte de mangas muy  merecido, porque si no conseguimos los objetivos marcados, esa futura persona adulta que vamos a ser, va a formarse con el dolor de esos primeros fracasos, sin saber que en verdad, aun no ha fracasado en nada.

Y buscamos un camino como cada cual puede buenamente, así que lo siguiente es tener una pareja,¡ pero cuidado!, no sólo encontrarla, también tienes que conservarla, criar hijos y trabajar, trabajar sin descanso. Mente, cuerpo y alma a disposición de lo que se nos demanda, para conseguir lo que la sociedad dice que tienes que ser. Persona entre 25 y 55 años aproximadamente con un buen trabajo y unas importantes responsabilidades, unos derechos básicos y unos deberes atroces, todo, absolutamente todo milimetrado para que seas un humano standard, no puedes ir como tu quieras, ni  por donde tu quieras, no puedes estar sucio, no puedes ser mal hijo o padre, no puedes tomar sustancias que te hagan sentirte mejor, no puedes perder la cabeza, no puedes perder los nervios, no puedes dejar de consumir, no puedes dejar de pagar, no puedes levantarte a las 12, no puedes, no puedes...aun así seguimos adelante y nos convertimos en hormiguitas que trabajan sin descanso.

Hasta que un día miras a tu alrededor y te das cuenta de que todo lo que has conseguido se ha roto, lo que te habían exigido que tanto te costó se ha ido al garete, solo descansaste un instante y  tu vida se rompió por algún motivo, no hay trabajo, tus responsabilidades no las puedes cumplir, todo lo que creías estar haciendo de repente ha perdido su razón de ser, entonces sientes el mayor vacío que puede sentir un ser humano, y empiezas a hacerte muchas preguntas, pero sobre todo no entiendes porqué te sientes así.

La mayoría de las personas que llegan a este punto, entran en una fase de libertinaje de auto-engaño, en el que ponen cómo nuevas metas su propia satisfacción personal, no les importa el mayor de los sacrificios a cambio de darse a si mismos todo lo que desean, salidas, sexo, beber, vacaciones todo el años...pero eso solo ocupa tiempo, no reconstruye nada, Si quieres reconstruir esa vida que se rompió, está muy claro que con esa actitud, no se consigue poner ni una piedra sobre otra.

Así que con suerte, llega el día en el que tienes que mirarte al espejo las arrugas y aceptarlas, y junto con las arrugas, las derrotas, las pérdidas, los fracasos. Todo eso que se esperaba de nosotros cuando sólo éramos un proyecto. Todo eso que no nos salió bien y que diariamente todo el mundo nos recuerda.

Después de toda una vida, solo nos queda la aceptación, y cuanto más tiempo pasa más miramos a nuestro pasado, porque nuestro futuro se va haciendo cada día más pequeño y si no es a nuestros recuerdos no sabemos donde mirar. Yo también miro constantemente mi pasado, pero me niego a pensar que todo ha sido un fracaso, no puede ser, sería lo más triste que podía pasarme, creer que perdí mi tiempo, que por no cumplir las millones de normas ya soy un desecho sin mérito.

Mi vida ha de tomar sentido cada día, dejar en el pasado todo lo pasado, aunque no puedas olvidarlo,pero aceptándolo, con reaño.

 Perdónate por no ser el más espabilado en clase, por los suspensos, por los trabajos que perdiste, por no haber conseguido el éxito, por no haber cumplido tus sueños, por haber perdido el amor en una esquina, por ser torpe, por hacer daño. Perdónate porque todo éso son solo los síntomas de que eres humano, de que como todos, cometes errores cada día, y de que aún te queda mucho por aprender...pero no te equivoques lo que has de aprenderte bien no es como seguir a raja tabla todas las normas, si no convertir tu vida en una norma y es que a la única persona a la que no debes nunca defraudar es a ti mismo...