martes, 4 de agosto de 2015

La Niña que Nunca fue Princesa

David me escuchó atentamente y fue una grata compañía. Mario me llevó como a un ángel en sus brazos mientras bailábamos horas y horas. Iñaki se sintió triste por un desaire que le hice. Cesar me dijo que ansiaba recorrer cientos de kilómetros por poder mirarme a los ojos y Fernándo me entregó su alma adorando mi cuerpo como si fuera una diosa. Y todo ese despliegue de sutiles deleites en apenas dos días.

Pero yo no puedo sentir nada.

 Doy las gracias como una niña educada a tal cantidad de regalos que debían hacerme sentir alagada sobremanera, pero no soy capaz de creerme nada, no son para mi.. Me he pasado cuarenta años creyendo en los príncipes azules y ahora no soy capaz de creer ni en los dictadores negros. Siempre, lo recuerdo muy claramente, desde que me dijeron con alegría que ya "era  mujer" para disimular dantéscamente que aquello en verdad era un castigo divino, recuerdo que mi relación con la otra parte de la sociedad llamada machos, se convirtió en un quiero y no puedo por el resto de mis días hasta hoy AMEN.

No hay nadie, ni un solo hombre en mi cabeza es capaz de mantenerse en el pedestal de "Amor de mi vida". He tenido novietes de adolescente, marido, pareja adulta, y amantes, me he enamorado miles de veces, aunque nunca fui correspondida en la misma medida. y podría decirse que mi vida  amorosa ha sido un verdadero desastre, alguna historia bonita, y demasiados auto-engaños, demasiado dolor. Y un día me pregunta ¿porque?, ¿porque tengo ese problema con los hombres?, no los respeto, no confío en ellos, no los soporto, soy exigente como si se me fuera la vida en ello, y sé a ciencia cierta que he dejado pasar muchos buenos hombres que me hubieran entregado sus vidas con un amor verdadero. pero yo soy así, tengo que estropearlo, tengo que ponerles exámenes constantes que nunca consiguen aprobar, para que demuestren con sangre algo que yo ya sé, sin permitirles si quiera que hablen, y es: que no me quieren lo suficiente.

Nadie me quiere lo suficiente, nadie  es capaz de merecer que vuelva a creer en el amor, en la confianza en otro ser humano. Creo sinceramente que gran parte de mis angustias se basan en ésto. No puedo estar sola, pero no encuentro a nadie digno de ser mi compañía.

Detectado el problema, he pensado que es  bueno intentar saber porqué me pasa ésto, para ver si fuera posible algún apaño que me facilite no estar sola el resto de mi vida,  y por suerte en una de esas sesiones fantásticas de charla con una gran amiga, me di cuenta; las dos nos dimos cuenta, pues ambas habíamos tenido en nuestra niñez la misma carencia. -Nosotras no tuvimos padre- me decía mi amiga sin darse cuenta de la importancia de sus palabras. Bueno sí lo tuvimos, pero en su caso el alcohol y la incapacidad social, la privaron del cariño de un padre, y en mi caso...no tuve padre y no hay mucho más que explicar.

Tuve un benefactor que me alimentaba y me cuidaba, tuve un señor siempre enfadado que nunca quiso saber porqué yo era diferente. Recuerdo alguna "cosquilla" un día raro, y recuerdo la sensación de que una especie de rey pasaba ante mí, cuando admiraba a mi padre. Pero ciertamente como decía mi amiga, nunca me besó. Cuando tuve miedo nunca me abrazó y me dijo " todo saldrá bien, estoy aquí". Nunca me consoló cuando encontré mis primeras frustraciones en la vida. Nunca vio en mí nada que le mereciera admiración, en fin, fui una niña que nunca fue princesa.

Si comparo esta historia con las pobres mujeres que sufren la ablación genital en el tercer mundo,  me puedo sentir incluso avergonzada, pero al fin y al cabo es lo que me ha tocado vivir, y lo que me ha tocado es ser una  misándrica, una inadaptada en las relaciones amorosas que va a morir sin tener en su corazón ni un solo amor verdadero, en un desierto de vida.

Seguramente lo mío ya no tiene arreglo, pero tengo la obligación de pedir a aquellos padres del mundo que les preocupe la felicidad de sus hijas de verdad, que no teman darle cariño, en exceso, hacerlas sentir especiales, hermosas y plenas, hacerlas reír, que entiendan que fueron deseadas "mujer", y que son lo más bonito que ha creado la naturaleza, mujeres, hembras, que cargan un peso demasiado duro y que aunque parezcan titanes cuando se ponen a  luchar y defender lo suyo, merecen ser tratadas como  una princesa, siempre como una princesa...