jueves, 24 de septiembre de 2015

Los secretos de mi Casa


Soy yo. Me empeño en hacer hueco donde no hay, para acoger lo que no necesito, y al final me quedo con el sitio vacío y preguntándome que hice mal.

Parece que nuestro corazón es infinito y no importa cuantas personas lleguen a él siempre que vengan a dar cariño y calor. Pero se ve que el mío sí tiene "finito" y además está lleno, para que alguien pueda entrar en mi corazón, tengo que hacer grandes esfuerzos para que quepa. Tengo el metro cuadrado de cariño muy caro, pero aún así jamás niego el hospedaje a un necesitado. Y le preparo su espacio, y le respeto sus costumbres y le abro mi casa y mi tiempo...aunque solo sea para que pase una noche, descanse y coma algo, antes de continuar el camino.

Soy yo la que hago todo ese esfuerzo sin que nadie me lo pida, y luego me quedo mirando el vacío que esa persona me deja, no con tristeza, no por sentirme usada, es más bien un sentimiento seco, un tiempo sin nada, donde solo puedo observar con asombro lo que soy capaz de hacer por alguien, probablemente un viajero desconocido más de este camino absurdo que llamamos vida.

El problema es que cuando hago hueco en mi alma, los trastos que saco fuera son parte de mi misma, quizás  son viejos muebles y recuerdos que tenían que estar fuera hacía tiempo, pero que al fin y al cabo son míos. Y juro que no me importa, si no tengo el corazón infinito hago que lo parezca. Y cuando se van y me quedo en ese sitio vacío, me siento angustiada y vuelvo a llenarlo otra vez rápidamente, con lo que había tirado y si me apuras, a veces me sorprendo a mi misma metiendo hasta basura para ensuciar de rabia el lugar que con tanto cariño preparé a mi huésped.

Dice Buda que debemos aprender a soportar los rotos, los huecos, acostumbrarnos a que ese espacio que me dejan quede vacío para siempre, pero aun no lo he conseguido, y lo voy deteriorando con mis mudanzas constantes en vez de aprender a cerrar esa habitación y olvidar que está vacía y el porqué.

En verdad todos hacemos lo mismo, todos necesitamos sentir nuestro corazón lleno, cómo sea, con lo que sea. Necesitamos no darnos cuenta de que entre tanto abrir y cerrar habitaciones, nos perdemos la paz de no esperar a nadie. Al fin y al cabo somos humanos, podemos permitirnos ese defecto, ¿no?.

Yo a ratos cerraré mi puerta, intentaré buscar fuerzas para dejar los huecos en paz, no siempre mi casa ha de ser una fiesta constante, no pasa nada porque a veces esté triste y solitaria. Puede que ya no deje entrar a cualquier desvalido de espíritu por mucho que me lo ruegue, pues resultan a veces ser farsantes aprovechados, incapaces de agradecer nada. Puede que deba volverme cruel, que otro corazón les acoja, porque rompen demasiado, y al final no llenan nada.

Pero seguiré dando hogar a quien se lo gane, a aquellos que aprecien de mi hospitalidad, y me aporten vida y alegría. A veces incluso alguien llega y se queda para siempre, y ocupa su parcelita en la que tendrá siempre un abrazo, mío.

Somos una gran casa, que hay que cuidar, y que se llena de gente que viene y que va, momentos que pasan una sola vez, dolores que duran toda la vida. Nuestros sueños y deseos, el amor por nosotros mismos. Tú decides cómo quieres que sea tu hogar, hay personas que lo llenaron y jamás volvieron a dar cobijo, y hay personas que viven en una casa vacía que siempre está llena de gente. ¿Cómo llenas tu corazón?, el mío la mayoría de las veces es un sitio desastroso, pero tengo un rincón, un sitio que sólo es para mi, con un silloncito y una vieja luz, donde puedo escribir lo que siento, donde puedo decir y hacer sin que nadie me moleste, cerrado de verdad a cal y canto, con mis miedos y mis secretos a buen recaudo, un sitio con un cartel en la puerta donde dice...Así no se Hace, quizás el nombre de un blog, quizás el mejor sitio del mundo...esos son los secretos de mi casa.