sábado, 31 de octubre de 2015

Viaje al Centro de Nosotros.


Aquí estoy. Muy dentro de mis adentros, sola porque así lo deseo, en mi prisión cautelando mi propia llave. Encerrada en mi reino por voluntad propia.

A veces necesitamos estar así, en silencio, en oscuridad, en verdadera soledad. Y pensar o no pensar, son tiempos necesarios pero no necesariamente para aclarar nuestra mente, el simple hecho de darnos un tiempo de aislamiento es ya beneficioso para nosotros.

Si miro por mi ventana y veo a todo el mundo de fiesta, cantando, paseando y riendo, siento que quizás lo insano es quedarme aquí, pero suelo escuchar y respetar mis emociones y mi deseo es alejarme un instante de todo. No voy a preguntarle a mi cuerpo y a mi mente porqué hoy han decidido descansar del ruido, de otras personas, de mostrarme ante los demás, del compromiso incesante que tenemos con la sociedad. Solo voy a guardarme y restablecer mi orden.

Hoy toca perder el día en mis cosas, fregar, escribir, tocar la guitarra y mirar durante largo rato mi pared con algo de música suave, para conseguir calmar mi alma soliviantada por tanta vida en movimiento. Cada persona tiene un ritmo distinto, el mio ahora está cambiando. Durante toda mi vida he ido más deprisa que los demás, torpe y despistada de tanta velocidad, pero siempre angustiada por tener que esperar al mundo, pero los años cambian ese ritmo, y ahora me siento que empiezo a ir tarde a todo, tarde y cansada, muy cansada. A veces más cansada de mi misma que del mundo, pero necesitada de una pausa de cualquier forma.

En estos ratos de estar conmigo misma, es en los que descubro las cosas más interesantes sobre mi, mis virtudes y mis defectos, lo que me gusta y lo que no, lo que voy a consentir y lo que no, pero de una forma más honesta y real.

De mis virtudes no voy a hablar porque me parece publicidad barata, y sin nada que destacar, en mis defectos lo que más duele son los que veo que me hacen daño a mi misma, que con el tiempo terminan dañando a los demás, así que toca también examen de consciencia y debate.

A veces me cansa tanta fiesta, tanta risa y banalidad, me siento abrumada por los acontecimientos como una niña a la que le ofrecen varios juegos a la vez y no quiere perderse ninguno, pero le cansa tener que jugar a todos...nunca estoy satisfecha, todo ha de ser perfecto, y desgraciadamente en esta vida nada es perfecto. Así que de vez en cuando paro, dejo mi corazón desértico, y recorro los recovecos de mis debilidades, mis miedos, mi dolor y mis defectos.

Las grandes ideas del hombre nacieron en la soledad más profunda del interior de las mentes más privilegiadas, el reencuentro con nosotros mismos, algo que para muchas personas es un imposible. La mayoría de la gente buscan estar rodeado de personas, haciendo lo que sea, ocupando su espacio y su tiempo, deprisa, y viviendo con una rutina que les hace sentir estabilidad, hasta que un día se dan cuenta que se han dejado atrás otros caminos, otras vivencias, errores y pérdidas, obviaron madurar,  por no parar y mirar dentro de si mismos cuando debían. Probablemente es el miedo a no aceptarse, a conocer de verdad nuestra naturaleza, a la honestidad de nuestras circunstancias.

Son tiempos de espera que como todo en la vida pasan, y si son deseados deben de ser respetados. Aunque ya pasado el compás a contratiempo y resuelto nuestro corazón, no hay nada como salir a la vida y reencontrarse con los que nos han esperado. Yo  pronto estaré en una gran fiesta, cantando, bailando y riendo, pero hasta entonces me quedo aquí, entre mantas y almohadones, con música suave y algún libro, quizás un paseo, el fresco en la noche aliviando mi alma, , en mi sitio de vivir, en mi casa, en mi hogar, donde yo solo puedo estar..., muy adentro de mi.