domingo, 11 de octubre de 2015

Micro Relato. La Señora del Vestido Blanco.

Era uno de esos días en los que no hago nada en especial, pero llego tarde a todas partes. Aparqué mi coche donde todos los días, pasé por el mismo puente de todos los días, y me encaminaba ensimismada en mis pensamientos por las calles de todos los días hasta que la vi.

Estaba sentada en un banco de la Alameda, con cara de cansancio y una mueca que parecía una sonrisa. Cuando la vi algo paralizó mi cuerpo, entonces ella me miró. Tenía el pelo largo, muy largo y canoso recogido en una trenza, llevaba un vestido blanco, ancho, amarrado a la cintura con un pañuelo gris. Tenía una mirada penetrante y sin decir una sola palabra, se acercó hacia mí trabajosamente.

Yo me quedé en el sitio, perpleja, sin saber exactamente quien era, ni lo que quería, mis piernas no se movían y mi alma parecía haberse anclado en ese instante a ese sitio.

-Hola, te estaba esperando

Me tomó del brazo y como si bailara conmigo suavemente me llevó hasta aquel banco donde me senté a su lado.

-¿Por qué tienes tanta prisa?.- Me habló pausadamente- Aun eres muy joven, y te quedan muchas cosas por vivir. Nunca conseguimos quedarnos en el centro de las cosas ¿verdad?. jejeje Ya sabes todo lo que tienes que saber, sólo tienes que empezar a actuar como la mujer que eres. Tienes dones, tan grandes que puedes sentirte más plena y dichosa que la mayoría de los humanos, sin embargo te empeñas en saber más, en tener más, ¿no te das cuenta que ése es tu aprendizaje?.

La mujer habló serenamente, con una voz grave pero que parecía tararear en vez de hablar, y miraba al frente con la cabeza alta, mientras yo me había convertido en una especie de larva escondida dentro de mi misma, con las manos apretadas y los ojos clavados en el suelo.

-¿Por qué he de aprender?, ¿Para qué sirve todo ésto?

-¿Crees que todo tiene que servir para algo? Ay pobre niña, ésto no está creado para un fin, no existe el fin ni el principio, todo sigue un movimiento, el universo, los planetas, las motas de polvo, todo está en constante cambio, cada segundo es una transición...pero tú tienes demasiada prisa, y yo tengo que hacerte entender que aún no es el momento.

-¿El momento de que?

La mujer cogió mi mano y la puso en su regazo, mientras fijaba sus ojos en mis ojos.

-El momento de que creas que ha llegado el principio de tu fin, porque ambos son la misma cosa, y ninguno existe, el momento de que renuncies a la inocencia que aun te queda. ¿No te das cuenta?  Detrás de cada día viene otro, y aunque detrás de una risa puede venir un llanto quizás después toque otra sonrisa, lo que ayer no existía hoy es la razón de tu existir, y puedes hacer todo lo que puedas hacer, y lo que no, nunca tuviste que hacerlo.

En mi corazón se apretó un nudo al mirarle a los ojos, viendo mi propia mirada más anciana y triste. La mujer apretó mis manos en un gesto de despedida.

-¡Espera!- le grité - Entonces ¿qué debo hacer con el resto de mi vida? , ya pasó la juventud, todo lo que queda es decadencia, cada día será más difícil y doloroso que el anterior, ¿cómo podré soportar eso?

-Igual que una hoja soporta caer en el otoño, mi niña. Despierta cada mañana, duerme cada noche, come para vivir, trabaja, sueña, olvida tu pasado, y deja en blanco tu futuro, en el más puro de los blancos. Tendrás momentos preciosos, y momentos en los que rezarás al infierno, pero tu sigue durmiendo cada noche y despertando cada día, y todo pasará...Cómo ya te he dicho, sabes todo lo que tienes que saber.

-No volveré a verla nunca ¿verdad?

-Si, mi niña, volveremos a vernos y te acordarás de mi y yo me acordaré de ti, y podrás contarme todo lo que has vivido, pero para eso aun queda mucho, mucho tiempo.

La mujer se levantó y aunque caminaba despacio antes de que me diera cuenta había desaparecido entre la gente, salté del banco y me apresuré en su busca, la necesitaba a mi lado más tiempo, mucho más tiempo, creo que sentí que la necesitaría para siempre, aunque por más que busqué no pude encontrarla de nuevo.

Al momento recordé que me estaban esperando, y como si nada hubiera ocurrido me encontré mirando al banco donde la vi minutos antes sentada, pero el banco estaba vacío, yo estaba en ese sitio parada y la gente pasaba deprisa a mi alrededor. Me colgué mi mochila y me marché sin mirar atrás, caminando por las mismas calles de todos los días para llegar al mismo sitio de todos los días, solo me detuve un momento para mirar un escaparate de ropa usada, estaba sin un céntimo encima pero la chica de la tienda sacó una caja de ropa a la puerta con un cartel de "1 €", entonces vi un vestido blanco que me pareció cómodo para esos días de calor, sin pensarlo dos veces entré en la tienda y le dije a la chica que me llevaría aquel vestido. Mientras sacaba mi euro la dependiente me miró y me preguntó que para quién era el vestido.

-Para mi, por supuesto. -Le dije.

-Usted es demasiado joven para este tipo de vestidos, pero si le gusta llévese gratis este pañuelo gris y póngaselo en la cintura, le dará un aspecto muy especial, a usted le quedará muy bien y le durará mucho tiempo...