jueves, 18 de junio de 2015

SEÑORA DE LAS CUATRO DÉCADAS

¿A quien le importa lo que escriba una señora de cuatro décadas sobre su vida fracasada?.

 Ya llegué al número cuatro y tengo mucha rabia. Rabia porque hace poco que me enteré de las reglas del juego, rabia porque mi cuerpo está empezando a oxidarse y el ejercicio y los cuidados no son una opción si no una obligación , siento que es injusto que me quede tan poco tiempo y oportunidades para hacer mis sueños realidad, pero sobre todo me molesta en el corazón la certeza de la experiencia. Ésa experiencia que no deseo tener, esa sabiduría que molesta, echo de menos esa tan adorada inocencia en la que podía escudarme para cometer los errores más grandes de mi vida. 

La piel se curtió, los ojos miran con más calma, el tiempo nos infunde más respeto y las cosas toman un valor muy distinto. No lo entiendo, porque realmente yo creo que ésta es la edad más maravillosa que puede tener una persona, sin embargo la sociedad no está  construida para los cuarenta y..., para encontrar un trabajo eres un viejo, para empezar una historia de amor sin reparos estas ya "resabido", para tener aficiones estás pasado de moda, y para estar a la moda tienes que aparentar diez años menos, porque hoy día no se perdona la madurez. Hay una nueva ola de jovencitos que han llenado nuestra existencia con sus nuevas normas sociales, ellos tienen el poder de la tecnología, y como ellos  son los que tiran de nuestra esencia social con su energía y valor, aquellos que ya no tenemos tan cercano el recuerdo de la "comunión", y hemos tenido que cambiar de categoría por exigencias del guión, nos vemos empujados  por la actualidad y la necesidad de estar a la moda, la media y la mediana también algunas veces, evitando caer en la desidia y cansancio que realmente corresponden a nuestra edad, y que vamos camuflando dulcemente para no ver nuestra realidad tan real, y poder fantasear todavía con las expectativas de lo que nos ofrece el futuro.

Aun así a los cuarenta empieza el tiempo de ser feliz, eso sí lo tengo claro. Porque lo mejor de la madurez es que te sientes pleno y consciente a la hora de realizar cualquier tarea, es más, incluso tienes una experiencia que diez años antes hubieras anhelado tener, pero sobre todo bajamos nuestro nivel de autoflagelación y empezamos a pensar un poco mas en nosotros mismos.

Yo calificaría la madurez como la etapa más serena y sensata de nuestra vida, todo es más sencillo, y si estamos emocionalmente bien, podemos hacer lo que deseemos de la manera que realmente deseemos, sin presiones ni apuros. Sólo hay una cosa que no llego a asimilar: -¿Cuándo puedo empezar a comportarme como una persona madura sin sentirme desplazada?, ¿cuándo tengo que dejar de lado todos mis sueños porque ya no pegan en alguien de mi edad?, ¿cuándo puedo empezar a vestir  sin preocuparme por  conjugar los colores?, y ¿cuándo estará bien visto que me deje las diez canas desperdigadas en mi pelo que delatan con detalle todo aquello que me hizo envejecer?.

A nadie le gusta envejecer aunque sea parte de las normas que hemos de cumplir si es que estamos vivos, pero algunos lo llevan mejor que otros, aunque curiosamente cuanto mejores son las circunstancias de la persona madura, más sencillo se hace el cambio de década. 

Envejecer con la persona con la que fuiste joven, con tu economía resuelta y tus asuntos encauzados es una forma maravillosa de envejecer, pero las cosas hoy no están como deseamos, y tener trabajo, amor y salud es una utopía inalcanzable para la mayoría de las personas maduras, así que muchos hemos decidido que es mejor no envejecer todavía. Y nos ponemos cremas, nos matamos en el gimnasio, escondemos los achaques y tiramos para adelante como si nos quedara por arar el mismo campo que a los demás, pero en el fondo de nuestro corazón sabemos que pronto soltaremos los arreos, e incluso en nuestro descanso sonreímos al pensar que cuando nadie nos ve agradecemos los años, y apartándonos un segundo de la carrera de fondo en la que nos vemos inmersos, podemos sentirnos los alumnos aventajados de la clase, porque realmente la madurez nos vuelve listos, incluso a veces nos sentimos en la obligación de enseñar, de advertir a los que vienen tras nosotros, aunque sepamos también que nada de lo que digamos cambiará las cosas, igual que a nosotros nos advirtieron y aun así todo siguió su curso.

Por ello sé que realmente lo que diga una señora de cuatro décadas no importa, pero lo mejor es que aun así ésta señora seguirá escribiendo, sin esperar nada a cambio, con paz, por el placer de escribir y sabiendo que lo importante es cumplir un año más, porque todo llega  y todo se va, y ahora llegó el momento de seguir viviendo al fin...con mis preciosas cuatro décadas.