martes, 30 de diciembre de 2014

Mi casa, Mi imperio.

Mi prima tiene un chalet precioso. Le costó una pasta y le sigue costando. Parece que nunca estará conforme con el acabado, otro color para la pared, un nuevo toldo, cambiamos los muebles o vuelvo a ordenar los armarios. Todos esos extras más el mantenimiento normal de una casa convierten a mi hermana en una esclava de su inmueble. Yo también tuve mucho tiempo un piso piloto, que limpiaba y recogía impulsivamente, pero por suerte me sobrevino el bajón a tiempo. Da igual si es una habitación de mala muerte,  como un palacio con servidumbre, la obsesión porque nuestro hogar se parezca al de los anuncios es terrible, y nos delata sobre nuestras otras carencias, seguridad en uno mismo, falta de autoestima, y sobra de tiempo libre mal dedicado.
Sobre todo porque ese hogar perfecto tendrá que ir acompañado de una familia de anuncio...y eso si que es totalmente imposible, la frustración está asegurada.
Señoras (sobre todo) y señores: ASÍ NO SE HACE.
Nuestro hogar tiene que estar vivo, tiene que haber ropa por medio, platos sucios e incluso basura esperando, sin que nuestro mundo se venga abajo. No es cuestión tampoco de que nos coma la "mierda", pero si no podemos evitar poner bien los cojines tres veces al día , o pelearnos con nuestro hijo por unos platos, deberíamos hacernoslo mirar, porque nada debe ser más importante que vivir feliz en nuestro hogar, y si no nos importa que la felicidad desordene nuestra vida, porqué no permitir que desordene nuestra cocina.

Espero haber sido de ayuda.
Gracias por odiarme y adiós.