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domingo, 30 de julio de 2017
Donde se unen La Tierra y El Cielo. (Cuentos para pensar)
Cuenta la leyenda que hubo un tiempo en el que el mundo estaba poblado por seres mágicos.
Tenían forma y apariencia de animal aunque sus espíritus eran sabios.
Unos nadaban bajo el agua, otros vivían sobre la tierra y otros volaban por los cielos.
Cada uno tenía el cometido de recibir la energía de su elemento y dar a su elemento su energía, haciendo que la tierra, el mar y el aire se mantuvieran vivos y en armonía.
Cuentan que una pequeña golondrina jugaba entre las nubes. Subía y bajaba por las corrientes templadas de aire, volando sobre bosques y ríos de agua cristalina, feliz de vivir en el cielo.
Un día la golondrina bajó a beber un poco de agua a un escondido manantial cuando de repente de entre los frondosos arboles salió un toro de oscuro pelaje.
El enorme animal jamás había visto un ser del aire, y se quedó observando al pequeño pajarito que bebía con su pequeño pico el agua fresca que bajaba de las montañas.
Una vez la golondrina hubo bebido y se hubo refrescado removió sus plumas y volvió a retomar el vuelo.
El toro quedó maravillado de aquella pequeña golondrina pero sintió que siendo tan pequeña y estando tan lejos de la tierra aquel animalillo estaba en un gran peligro, aunque antes de que pudiera decir nada el ave desapareció en el cielo.
Al día siguiente el toro volvió al mismo sitio y encontró de nuevo a la golondrina bebiendo. Pensó decirle que no volviera a los cielos, ya que sentía que era más seguro estar en la tierra, pero la golondrina volvió a agitar sus plumas y levantó de nuevo el vuelo.
-Mañana le hablaré- Pensaba el toro- Es tan pequeña e indefensa...Tengo que decirle que aquí a mi lado estará más segura.- Él era un toro fuerte, no tenía miedo a nada, los otros animales le respetaban y vivía feliz en las praderas, se preguntaba ¿cómo podría ser alguien feliz sin estar seguro en el suelo?.
Al día siguiente cuando bajó la golondrina, el toro la estaba esperando. Al verle el ave curiosa se posó en una rama cercana y le miró a los ojos. - ¿Qué animal eres tú?- le preguntó el pequeño ser alado.
-Soy el toro. El dueño y señor de estas tierras. Cuido de todos los seres que viven aquí...Y tu ¿Quién eres?
-Soy la golondrina, no soy de aquí, yo vivo y vuelo por todos los cielos. Sólo vine a beber un poco de agua.
- Pero...no deberías volar, es peligroso.
- ¿Peligroso? No puedo dejar de volar. Tengo alas para eso...Sé que podría cazarme un alcón y sé que podría herirme en la tormenta...pero es mi naturaleza y aunque quisiera jamás podría vivir en el suelo.
-Pero aquí yo podría cuidarte, aquí hay comida y tendrías el agua siempre cerca. Serías mucho más feliz que en el aire. ¿Por qué no te quedas conmigo?
La golondrina le miró con algo de tristeza, removió sus alas y mientras se elevaba sobre las astas del toro le dijo: -No puedo...- Y se perdió de nuevo entre las nubes.
Al día siguiente la golondrina y el toro volvieron a encontrarse junto al manantial. Pero esta vez el pequeño ave se quedó largo rato charlando y jugando con el toro. Le contó todo lo que había visto en otras tierras, los maravillosos paisajes por los que había volado y los muchos seres extraños que había encontrado por tierras mares y cielos. El toro quedó prendado de aquellas historias y deseo poder volar como la golondrina, pero era imposible, él era fuerte y pesado y le aterraba alejarse de la tierra así que jamás pudo despegar sus patas del suelo.
-Ven conmigo- Le dijo la golondrina- Allá, en las montañas más altas está mi nido, seremos felices juntos mirando el mundo desde el cielo, no tengas miedo, desde allí nadie puede hacernos daño.
El toro miró al ave con tristeza y mientras se adentraba en la maleza le dijo: No puedo....
Y así la golondrina bajaba cada día y el toro iba a su encuentro y hablaban y jugaban y reían juntos contando historias del lugar donde cada uno vivían. Aunque cada día la golondrina tenía que marcharse allá donde terminan las nubes y el toro volvía a sus praderas a cuidar de que nada malo pasara en sus dominios, pero ambos se sentían cada día mas tristes por no encontrar un sitio donde pudieran vivir juntos y ser felices, ya que sentían, la golondrina que el toro estaba condenado a una existencia sin aire y el toro a que la golondrina estaría siempre en peligro lejos del suelo.
Un día al toro lo cercaron unos hombres, tenían cuerdas y mordazas, la golondrina que lo estaba viendo todo le gritó: -¡Vuela! ¡Vuela! Pero el toro seguía sintiendo miedo del aire, y prefirió enfrentarse a aquellos seres malvados, sin escuchar al pequeño volador negro. Los hombres lo apresaron y lo llevaron a su poblado. Lo encerraron dentro de unos enormes muros, para sacrificarlo en honor de los que ellos llamaban dioses del cielo.
La golondrina lo encontró y se coló por un pequeño agujero y pasó a través de los barrotes, hasta que llegó a donde estaba el toro que lloraba asustado.
-Ven conmigo- Le dijo la golondrina- Eres fuerte, derriba éstos muros y volemos juntos.
El toro que había sido apaleado no tenía fuerzas ni para contestarle y le miraba resignado a su horrible final. La golondrina al ver la maldad de aquellos humanos se sintió asustada e indefensa y huyó a su nido allá en lo más alto de las montañas, pero no podía olvidar al toro.
A la mañana siguiente los hombres sacaron al toro y lo soltaron en un pequeño ruedo. Uno de los hombres empezó a llamarlo, y cada vez que el toro envestía aterrado, le clavaban punzantes varas mientras una muchedumbre vitoreaba.
El animal apenas veía, sangraba y quería escapar, hubiera deseado volar, pero el miedo le podía y su cuerpo no se despegaba ni un segundo del suelo.
Desde el cielo lo miraba la golondrina, y entendió que su enorme amigo moriría si ella no hacía algo y aunque tenía mucho miedo, recordó cómo un día el toro quiso protegerla, y se lanzó a la cara del hombre que lo estaba hiriendo, picoteando sus ojos y su rostro.
Cuando todos vieron a la pequeña golondrina defendiendo al toro creyeron que los dioses del cielo la habían enviado para impedir la muerte de la bestia. El hombre malvado que lo hería se ensaño entonces con la pequeña ave y en una de las manotadas le asestó un tremendo golpe y la golondrina cayó herida al suelo.
El toro al ver a su pequeña amiga herida sintió una rabia tan grande, un dolor tan inmenso que por unos segundos perdió el miedo a volar, y voló, saltando los muros que cercaban el ruedo, y arremetió contra la muchedumbre. La gente huyó despavorida. Entonces los malvados hombres se dieron cuenta del terrible error que habían cometido y dejaron que el toro huyera, mientras la pobre golondrina malherida quiso volver de nuevo hacia las montañas, pero ya no podía volar tan alto, y quedó atrapada entre los muros de aquel diabólico lugar.
Por eso, dice la leyenda que los toros mugen mirando a las nubes, porque recuerdan cuando por amor consiguieron volar, y llaman y buscan a su pequeña amiga en lo más alto del aire, mientras las golondrinas anidan en los balcones cerca de los humanos, y vuelan siempre cerca del suelo, porque esperan por si algún día tienen que salvar de nuevo al toro, que por miedo nunca pudo... volar con ella al cielo.
viernes, 12 de agosto de 2016
Don Gregorio. (Relato corto)
Con mi bolso en el regazo sacaba un cigarrillo y bebía de mi preciosa petaca de vodka. Necesitaba calmarme, estaba bastante nerviosa. Aquel hombre había contactado conmigo por internet y parecía estar muy seguro de que tenía que decirme algo muy importante. Algo que me salvaría la vida o algo así.
Era la noche en la que descansaba de mi trabajo eventual de camarera. Y el anciano internauta había accedido a ir hasta la playa para verme en pleno agosto. Cuando se me presentó en el foro EL PODER DEL ALMA pensé que quería lo que todos los salidos de internet, pero luego empezó a hablarme de "esas cosas que yo sabía"...y que él sabía que yo lo sabía y entonces empecé a ponerme rara y neurótica, cuanto más me hablaba más observaba que pareciera conocer los pensamientos más ocultos de mi mente. Tenía que hablar con él. Necesitaba saber, saber más, aunque mi deseo real era no saber nada de nada.
Pasó un trenecito de esos de ocio y música por delante mía, la calle estaba iluminada con grandes farolas. Yo miraba a izquierda y derecha y no veía a nadie solo, y justo cuando me decidí a encender otro cigarro con los ojos rebuscando en el bolso, escuché su voz:
-¿Cándida? - Una dulce cara con el pelo blanco como la nieve, y unas gafas desgastadas, eran los propietarios de aquella dulce voz.
-Si.- Contesté enseguida- Usted es Gregorio ¿no?
-Don Gregorio para ti jovencita...podría ser tu abuelo...-dijo poniéndose serio.
-No, no...jajaj...-Se me escapó una carcajada- Ojalá tuviera edad de tener a mis abuelos conmigo...
-¿Que dices?...¿Me estás llamando viejo?...sólo tengo 86 años señorita, jajaja...
Los dos reímos juntos y empezamos a hablar como si fuéramos dos chiquillos, con una extraña conexión inmediata, aquel hombre parecía de verdad saber exactamente que era lo que me hacía más feliz y más desgraciada..,
De repente me encontré tan agusto que casi olvido para lo que habíamos concertado aquella extraña cita. Pero en un momento dado lo pude recordar y mi corazón volvió a llenarse de angustia, el hombre entonces guardó silencio como si supiera, que era el momento de escucharme.
- Don Gregorio...¿Que sabe usted de mi?
-Todo. - Le miré fijamente a los ojos. - Y te digo la verdad porque hasta éso sé que deseas saber, toda la verdad.
-Y ¿qué es exactamente éso que tiene que decirme y que es tan importante para mi?
-¿No me preguntas primero el porqué sé tanto de ti?
En ese momento se me hizo un nudo en la garganta.
- Porque lo sabes ¿verdad Cándida?...¿cuanto hace que lo sabes?, ¿Cuanto tiempo llevas sabiendo tantas cosas?....
A mis ojos saltaron las lágrimas, y me escondí con las manos en un llanto desconsolado.
-Eh¡...- con su mano en mi hombro me consolaba Don Gregorio mientras sonreía - No me creí que lo estuvieras pasando ya tan mal....cuéntamelo.
Sacó un pañuelo de tela de su bolsillo muy bien planchado que olía a colonia fresca y me lo ofreció.
- Sabe que no es necesario que le cuente nada.
Lo sé. Sé porqué está aquí, Sé cómo son las personas de verdad a los diez minutos de conocerlos, incluso lo que ellos no saben, sé lo que le pasa a cada uno de los clientes de mi bar, incluso podría... ¡¡saber si charlara con el chofer del maldito trenecito, qué es lo que le pasa porque está claro que o le va fatal con su mujer o le ha llegado la liquidación del I.V.A!!...
Sólo hay algo que no sé...¿Que este castigo?, ¿Una enfermedad?, porque es para volverse loca, es cómo si pudiera ver lo peor de cada persona y el miedo se apodera de mi, no puedo empezar nada porque sé cómo puñetas va a terminar y... sólo puedo huir, alejarme de todo el mundo, no tengo amigos, muy pocos, dos, y no saben del todo lo que me pasa...si pudiera contárselo..., pero sé que no me creerían...pero también sé que me quieren mucho y éso es lo único que necesito...porque este..."don"...o como usted quiera llamarlo para mi es una pesadilla, es como ver una película que ya te sabes una y otra vez. ...Alguna vez me he equivocado D. Gregorio, y es maravilloso...pero no es lo normal. Así que...dígame por favor que es ésa la respuesta que viene a darme...
El anciano sacó un libro de su bolsillo, parecía un viejo diario con las hojas en blanco, pero no estaban del todo en blanco, parecían estar borradas, las muecas del lápiz estaban y el papel viejo y emborronado mostraba un trabajo arduo por hacer desaparecer su contenido.
-Siento comunicarte mi querida niña que no puedo contestar a tu pregunta. Sé que somos muy pocos, y tenemos la obligación de ayudar a los que nacen con este don, damos nuestro testigo a una sola persona, de la que somos conocedores desde el día de su nacimiento. Yo soñé contigo el día en que viniste al mundo, y en cada uno de los momentos de tu vida he estado presente, en tu negación a tu don, cuando caíste enferma porque te creías loca, cuando empezaste a tomarlo cómo un defecto más, y en ésta última etapa en la que sabes exactamente todo lo que tienes que saber, a poco que te esfuerces puedes verlo todo...pero no puedes ver la respuesta más fácil, pronto pasarás a tu siguiente etapa, y sabrás de alguien en el mundo que un día necesitara tu ayuda....
-¿Pero...- Volví a preguntar con mi gesto más ingenuo- ...Qué significa ésto?
-Oye sabes menos de lo que cuentas ¿eh? jejeje...ya van dos preguntas...
-Oh Don Gregorio, no se burle de mí, ya sabe a lo que me refiero.
-Bueno, perdona, perdoname princesa...mira es tan sencillo que no puedes verlo. Cuando yo tenía tu edad y empecé a darme cuenta de lo que era capaz de saber, al principio, empecé a apuntar cada cosa que confirmaba que había acertado en ese diario. En poco tiempo el diario estaba completamente escrito y yo tenía muy claro de que todo cambiaría a partir de ese momento, cuando oyera ésa voz interior que tu y yo oímos, que te dice lo que nadie sabe aun porque aun no ha sucedido, o lo que sucedió en el más oscuro de los secretos, yo la escucharía, e intentaría evitar lo malo, cambiar el destino para que a nadie le sucediera nada, para que todos fueran felices, pero me di cuenta de que...
-...no se puede cambiar lo que va a suceder...- Interrumpí-
-Exacto...si yo no aprendía a controlarlo terminaría conmigo, y es mejor hacer lo que podemos hacer aunque en verdad sabemos que no hacemos nada...que vemos las cosas pasar por delante de nosotros y no podemos evitarlo y si intentamos evitarlo siempre te toman por loco.
Decidí escoger no querer saber más que lo evidente, de cada persona, de cada historia, y pensé que un buen paso era olvidar todo lo que ya sabía así que empecé a borrar todas y cada una de las páginas de ese diario...Cándida. De ti depende saber o no saber. ´Tu eres la que decides si escribirás y llenarás las páginas de ese diario que es tu futuro, o las dejas en blanco.
-¿Entonces no hay explicación de por qué...?
El Sr.Gregorio negaba con la cabeza.
-Ya me lo suponía...
En ese momento ambos empezamos a reír con una escandalosa y sentida risa, y después retomamos nuestra conversación hablando de muchas cosas.
Le invité a dar un paseo por la arena, de mi brazo, bajo la luna que brillaba blanca en el cielo. Y entre risas y el ruido de las olas, hablamos de las obras de Leonardo Da Vinci, de la teoría cuántica radical de Newton y de la ópera que más le gustó a la reina Elizabeth I, Fue una noche maravillosa, a las doce nos despedimos y yo me marché camino del apartamento mientras miraba las páginas de aquel diario.... Al final, saqué otro cigarro y mientras lo encendía lo comprendí...lo supe, y ésa sería mi última visión y única premisa.
Dejaré las cosas pasar y que digan su nombre, dejaré que se cometan los errores, dejaré que el futuro me sorprenda, no querré mirar lo que hay detrás de la cortina, ni saber el truco del mago, no puedo salvar a nadie ni a nada. Abriré mis ojos, pero sólo para ver quien me quiere de verdad y quien sólo me desea el mal, para amar a quien me ama y para huir de quien me hiera, porque al fin y al cabo la que sin querer lo sabe....soy yo.
Dedicado a D, Gregorio a quien conoceré algún día.
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