domingo, 24 de abril de 2016

LA MARIPOSA. (Narrativa)




Eran las tres de la tarde aproximadamente. Estaba en mi cama, había desnudado mi corazón y tenía el alma descansando en la silla, las fuerzas las había ido dejando caer por el suelo poco a poco según había vuelto a casa la noche anterior.
Nada estaba mal en verdad, pero tampoco nada estaba bien, y estuve largo rato abstraída en la nada.

De repente me pareció ver casi a los pies de mi cama unas motas de color brillante removiendose en el aire. Toque la colcha intentando discernir si eran mis ojos o un reflejo de la luz, y las luces cesaron unos instantes, pero antes de que pudiera pestañear, esas motas de luz comenzaron a brillar otra vez, a hacer un remolino minúsculo, y una suave brisa removió todo a su alrededor llenando la habitación de una especie de primavera.

Yo apretaba mis incrédulos ojos pero no tarde más de un segundo en quedar absorta ante aquello que estaba sucediendo.

Poco a poco pero de forma mágica aquellas luces fueron tomando forma, y cómo si fuera un sueño se transformó en una pequeña y dorada mariposa que movía sus alas con un candor que me hizo enamorarme de ella.

Durante unos instantes descansó a mis pies como si esperara retomar su existencia y luego empezó a volar por toda la habitación iluminando rincones y formando estelas de polvo brillante, hasta que pausada y delicadamente se posó en mi nariz...

Yo la miraba como una niña absorta con los ojos bizcos, pero al momento despegó de mi nariz para revolotear por toda la habitación. Yo la seguí sin pensarlo, voló reclamándome muy segura hasta la puerta.

La abrí y salió de la habitación escaleras abajo,  parecía exactamente a dónde quería ir y aunque yo que no entendía nada sólo sabía que necesitaba seguirla.

Salí a la calle en pijama y descalza con una sonrisa de oreja a oreja mientras seguía a aquella preciosa mariposa que volaba haciéndome casi bailar en su busca.

La gente se me quedaba mirando, no sé si más por mi aspecto o por mi actitud, aunque supongo que ambas cosas eran igual de meritorias. Cruzaba calles sin mirar semáforos, no me di cuenta ni cuánto tiempo anduve persiguiendo aquel bichito mágico que había conseguido ser el centro de toda mi atención, hasta que llegó a un parque y se posó al filo de una pequeña fuente.

-¿Que hay aquí?, pregunté presa de mi propia fantasía.

La mariposa empezó a hacerse una especie de crisálida que se fué convirtiendo en pez, un precioso pez dorado y con una larga cola que  saltó al estanque...

-Pero... ¡ahí no puedo seguirte!..Le grité.

El pez dorado saltaba una y otra vez insinuando que tenía que seguirle allá a donde fuera. Así que sin pensarlo metí un pie en la pequeña fuente y aunque creí que tocaría el fondo parecía que había algo más allá debajo del agua...metí el otro, cogí aire y me zambullí en aquellas aguas oscuras. Sólo podía ver la luz del pez que delante de mí me indicaba el camino por el que yo debía bucear. A mi paso notaba como si cosas oscuras rozaran mi piel, pero nada me asustaba, nadé mucho tiempo tras aquel pez de cola brillante, más del tiempo que nadie podría aguantar sin respirar bajo el agua, pero yo no sentí en ningún momento la falta de aire, hasta que el pez saltó a través de la luz que parecía una salida, y yo tras él, aparecí en un gran lago, <<¿Donde vamos ahora?>>, pensaba, algo desorientada, nadé hasta la orilla y miré a mi alrededor, estaba en un inmenso y frondoso bosque verde.

El pez no estaba, y por un instante me asusté, cuando pasó a mi lado a galope un caballo dorado, Corría arriba y abajo con sus largas crines mágicas hasta que se paró ante mí y agacho la cabeza...monté sobre él y me llevó a través del  gran bosque verde, abrazada a él ya no tenía nada que temer...mi mariposa, mi pez, mi caballo mágico...llegamos a una gran ladera y el caballo empezó a galopar, me agarré a su cuello y cerré los ojos, al final de la ladera había un gran precipicio, el caballo corría cada vez más y más, el viento me asustaba un poco pero mi corazón latía de felicidad hasta que llegamos al filo del precipicio.

Bajo mis manos las crines se hicieron plumas y el galope cesó, ahora me sentía flotar en una sensación de paz que llenó todo mi interior...cuando abrí los ojos volaba muy muy alto sobre un gran cóndor dorado. Siempre tuve miedo a las alturas pero ésta vez me sentía segura y libre, pues sabía que nada malo podría pasarme...el aire era frío y la tierra parecía un precioso juego de colores y formas  divertidas,  ya nada me importaba.
Me llevó por encima del mar de nubes, el tiempo parecía haberse detenido hasta que el gran pájaro empezó a parecer cansado, comenzó a apagarse. Bajó torpemente hasta una montaña algo angosta me dejó suavemente en el suelo y cómo si le doliera comenzó a tornarse nuevamente caballo, monté sobre él. Sentía como su cansancio me cansaba y se volvía cada vez más gris y triste.

Llegamos hasta la orilla del lago donde se desplomó al suelo, retorciéndose dolorosamente se volvió pequeño hasta convertirse en un pequeño pez enclenque y amoratado que yo eché angustiada al lago, y al que seguí temiendo que no le quedaran fuerzas para llegar hasta el otro lado de aquellas oscuras aguas, a aquella pequeña fuente de aguas sucias a donde me llevó siendo aun una mágica mariposa...

Ahora dentro del agua yo no veía nada, nadaba y nadaba, casi sin fuerzas, pues ahora el aire sí me faltaba, creí perderme para siempre en aquella oscura muerte, hasta que ví el pequeño rayo de luz y salté buscando el aire desde el fondo de la fuente, de aquel parque perdido.

Respiré profundamente y busqué el pez o  la mariposa, algo, mi mágico amigo...necesitaba que me guiara de vuelta a mi hogar, a mi casa.

Salí de la fuente con mi pijama empapada, descalza y sucia, pero no encontré a aquel ser. Cuando levanté la cabeza lo que había era mucha gente, unos miraban con cara de miedo, otros me hacían fotos y se reían, y otros simplemente me observaban con gesto de preocupación, pero nadie se acercaba.

Tardé un rato en recuperarme, respiré profundo y pensé - Todo ha sido un sueño y pronto estaré en casa-  Cuando noté algo oscuro removiéndose a mis piés. Deseé que fuera mi pez, o mi mariposa...me sentía perdida y necesitaba su magia, pero sólo hallé una flor marchita, seca y ennegrecida.

Entendí que aquella flor había sido la mariposa, el pez, el caballo y el cóndor que un día me hicieron salir de mi cansina tristeza, pero también supe que la magia había muerto y aquella flor era lo único que quedaba de mi fantástica aventura. La tomé con cuidado entre mis manos, y ya sola pero decidida busqué el camino de regreso a casa.

Anduve cansada, con sed, con hambre, días y noches, con aquella flor muerta entre las manos, hasta que conseguí encontrar el camino de vuelta, y llegue a mi casa, entré y subí a mi habitación, dejé la flor con cuidado en mi almohada, me acurruqué a su lado y me dormí recordando las maravillosas aventuras que había vivido junto a ella.

A la mañana siguiente me desperté, Nada estaba mal en verdad, pero tampoco nada estaba bien, y estuve abstraída en la nada durante largo rato.

De repente me pareció ver casi a los pies de mi cama unas motas de color brillante removiendose en el aire. Toque la colcha intentando discernir si eran mis ojos o un reflejo de la luz,  las luces cesaron y ya no volvieron a aparecer. Recordé entonces una aventura que juraría haber vivido, ¿Una mariposa?...¿Un pez?...¿Un caballo?..,volar más allá de las nubes, busqué entonces algo que creí haber dejado en mi almohada, pero sólo encontré la soledad, el vacío y la humedad de mis lágrimas.

La mágica juventud nos lleva más allá de nuestros sueños, pero hemos de saber que el camino de vuelta lo haremos siempre solos, y viendo como aquello que un día nos hizo sentir vivos va muriendo  para siempre en nuestras propias manos.